No voy a dar excesivos detalles de todo lo que me ha pasado, entre otras cosas porque mi memoria selectiva, por suerte no lo recuerda todo.
Yo he sufrido, principalmente dos tipos de acoso en mi vida, supongo que han ido de acuerdo a la edad en la que se producieron.
El primero, se produjo cuando yo tenía diez años. Realmente no se prolongó durante mucho tiempo, pero hizo una huella muy profunda en mi personalidad, y supongo que de algún modo por tonto que pueda parecer, me cambió para siempre. Este primer acoso, fue más palpable, de hecho en el colegio los profesores pudieron notarlo, ya que con diez años, se tiene una menor conciencia de las consecuencias de los actos, que la que se tiene a los quince.
Naturalmente, las cosas que le afectan a una niña de diez años, (como que todas las que considera sus amigas la llamen pija... y otra serie de cosas que prefiero no especificar, que la excluyan de los cumpleaños, que los chicos de su clase le peguen collejas sin ninguna explicación más convincente de que es "rara", que sus "mejores amigas" le den la espalda y le digan que todo lo que le ocurre se lo está inventando), no son las mismas que afectarían a una persona unos años mayor. Pero lo importante no es lo que ocurre realmente, sino lo que se siente.
Yo actualmente no recuerdo la inmensa mayoría de las cosas que me pasaron entonces, sin embargo si recuerdo con claridad como me sentía, o incluso cosas que pensaba. Me sentía muy mal con migo misma, porque un niño con esa edad piensa que normalmente las cosas que le ocurren tienen alguna explicación, de modo que yo trataba desesperadamente de buscar esa explicación, que pudiera hacerme ver a mi misma qué era lo que yo estaba haciendo mal en todo aquel asunto, pero no podía encontrarla, porque realmente no existía ninguna, y eso me hacía sentirme todavía más frustrada. A parte de esto, yo me sentí especialmente dolida, porque mis amigas "de toda la vida", me habían fallado, y no solo eso, sino que me habían dado la espalda, y según ellas, yo me merecía lo que me estaba pasando... esto fue con diferencia lo peor de todo, ya que no sabía porqué me lo merecía, y cuando yo lo preguntaba la única respuesta por su parte, era que yo ya lo sabía.
Todo lo que ocurrió ese año, hizo de mí al terminar el curso una persona completamente distinta de la que se había sentado en un pupitre de la primera fila el primer día de clase de ese mismo año. Pasé de ser una niña muy alegre y habladora, a ser una persona algo más fría y callada. No me atrevía a dar mi opinión sobre nada, porque temía que el pensar distinto sobre algo desatara un conflicto para el que yo en aquel momento no estaba preparada. Tenía miedo de volver a quedarme sola, y empecé a dejarme llevar por los demás para tratar de caerles bien, y sentirme dentro de un grupo, del que realmente no formaba parte. Temía las criticas de los demás por encima de todo, y dejé de ser yo misma para ser alguien que no era, alguien que decía palabrotas como una camionera, alguien que empezó a escuchar heavy metal para que no me asociaran más con que era una ñona, alguien que en definitiva vivía más pendiente de todo lo que los demás dijeran de ella, que de la persona que ella era en su día a día.
después de aquel año, todo cambió para "bien", yo me reconcilié con mis adoradas y maravillosas amigas del alma, y a los dos años nos fuimos juntas al mismo instituto, las tres planeabamos estudiar medicina juntas, irnos de viaje por el mundo a conocer otras culturas, y ser amigas por siempre jamás como sucede en los cuentos de disney que tanto gustan a los niños.
Primero de la eso fue una año duro para mí, porque comencé a darme cuenta, de que realmente, tras haber cambiado tanto en el año anterior para reconciliarme con mis amigas, había llegado a un punto, en el que yo había pasado de ser una pija a ser una heavy... y realmente me había perdido por el camino, ahora era un híbrido compuesto íntegramente por millones de contradicciones que tiraban de su cerebro hacia todas direcciones, y una persona a la que en verdad, sus amigas trataban más que como a un ser humano, como a un bufón, o similar, al que podían tirar a la basura cuando quisieran, y utilizar en función de sus intereses en todo momento. Yo ese año, solo lo pensaba, fingía que era una persona que no era, fingía que me sentía feliz poniéndome una solemne careta de "chica buena que adora el heavy metal", y mintiendome a mi misma diciendo que mis amigas eran tal, y no unas víboras como mi subconsciente en ocasiones las contemplaba en sueños. De modo, que tuve un "año feliz".
El principio de 2º de ESO fue tranquilo, todo como hasta el año anterior, una vida feliz.
Pero yo traté de ser una persona diferente a la que había mostrado en los dos últimos años, una persona como la que realmente soy, porque ese verano, al fin me había dado cuenta
de que ser quien no era, no me compensaba, ya que, tal vez a la larga, sea mejor estar bien con tigo mismo, que de cara a la galería ¿No?. Ese año, me propuse mostrarme como yo me sentía, y así lo hice, me abrí a la gente, sin dejar de lado a mis amigas, traté de marcar mis límites personales, que hasta entonces habían sido violados y pisoteados... y a raíz de esto, comenzó mi segundo acoso.
Ese año rompí definitivamente con mis amigas, cuando realmente me demostraron que no eran capaces de respetarme como yo era realmente, cuando suspendieron mi prueba de fuego, comprendí que ya no podía ser más lo que los demás querían que yo fuera, porque lo único que hacía era perjudicarme a mi misma. Después de haber concluido en esto, traté de alejarme de ellas, y estar más con otra gente, las evité... pero decidí que yo no estaba dispuesta a hablar mal de ellas por la espalda, porque habían sido mis amigas, y las había querido... y en el tiempo que yo perdía intentando hablar con la gente que mejor me caía, ellas me ponían de vuelta y media por la espalda con esa misma gente, y luego mi relación con esas personas era completamente distinta de lo que podía haber sido en un principio, me miraban distinto, como si yo hubiese cometido un crimen contra la humanidad. Mientras ellas seguían quedando con gente y entablando relaciones con las personas que más afines me eran, a mí nadie me llamaba para quedar ningún día, y yo me quedaba en casa sola, pensando en todo lo que me habían hecho en mi vida, y tratando de apoyarme en que yo era de nuevo la persona que siempre había sido, y salir a flote con eso. Es cierto que a partir de aquel momento, yo empecé a caer mejor de cara a la galería... pero no me importaba, porque nadie me tendía una mano, ellas seguían en la misma pandilla que yo, metiéndome cortes hirientes a la menor oportunidad, y dejándome en ridículo delante de aquellos que más podrían haberme ayudado.
Esa situación continuó en tercero, con la diferencia de que yo comenzaba a preguntarme de nuevo, qué había hecho yo para que no solo nadie quisiera acercarse lo suficiente a mí como para conocerme, sino que nadie se tomara en serio mis sentimientos. Ideas y pensamientos depresivos surcaban mi cabeza todos los días, las cosas se me hacían tediosas e insoportables... comenzaba a tirar la toalla, por que por mucho que yo hiciera para caer bien siendo yo misma, siempre había gente que me daba la espalda, y otra que a lo mejor trataba de animarme, pero a la hora de la verdad, cuando yo pasaba tardes y tardes enteras hinchándome a llorar porque la soledad era un camino que yo recorría sin darme cuenta, un camino en el que yo no quería estar, y que por supuesto, me veía obligada a recorrer completamente sola (con la ayuda de mi madre, pero naturalmente, por muy bien que me lleve con ella... a veces no era capaz de comprender al cien por cien como me sentía).
Definitivamente, aquello no era lo que yo había soñado para mi adolescencia. Y solo podía recrearme en que yo era mejor persona que todas aquellas que me daban la espalda de una forma descarada, pero llegaba un momento en que no servía de nada, porque mientras todos los demás contaban lo bien que lo habían pasado el fin de semana, cuando a mí me preguntaban qué había hecho, no podía decir otra cosa que, "he estado en mi casa y no he quedado con nadie", lo cual a los ojos de la gente no ayuda mucho a que te vean como alguien mentalmente sano y normal.
Pero lo más frustrante de todo, es que llegados a ese punto, yo no tenía control alguno sobre mi vida social, es decir, lo que yo deseara o anhelara desesperadamente no importaba nada, porque yo no podía tomar las riendas de mi vida y tomar una decisión que me ayudara a ser libre, porque el miedo me atenazaba al cien por cien.
quería cambiar de instituto, pero me daba miedo que las cosas fueran iguales, o peores, como en años anteriores a ese, de modo que no me atrevía, y eso me hacía sentir completamente desamparada y absolutamente insegura ante el mundo que se cernía cada día sobre mí, plagado de sonrisas superficiales y cortes por la espalda en cuanto nadie más que yo podía escucharlos.
4º fue un año mucho más sencillo, porque ellas no estaban en mi clase. Mi vida social mejoró, conocí más gente, aunque al final todos estuviésemos en la misma pandilla y la cosa siempre quedara "en familia", de modo que seguí prácticamente todo el curso sin quedar una sola vez... pero por lo menos ya no tenía esa tensión de esperar que me metieran un corte en clase, ya no pensaba las 24 horas del día en qué pasará mañana. Por primera vez en mi vida me sentía algo liberada del peso que me había oprimido durante los últimos años, y comenzaba a ver fríamente que por mucho que apreciara a determinada gente de ese grupo, eso no estaba hecho para mí, y yo debía intentar por todos los medios terminar mi transformación conociendo otros ambientes y cosas que pudieran hacerme crecer como persona. Al final del curso anterior me había propuesto que cuarto sería mi último año en ese instituto... para bien, o para mal.
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